lunes 14 de diciembre de 2009

S3: año 1

Durante los fríos meses de la veda truchera es momento de planificar la temporada venidera. Es momento de elegir nuestros cotos, de hacer acopio de moscas delante del torno y de practicar el lance en tierra. Todo de cara a la nueva temporada, para empezarla con los bolsillos del chaleco llenos de ilusión.

Pero antes de eso, es necesario también hacer un balance y unas reflexiones de la temporada que terminó, y eso es precisamente lo que he hecho yo. La verdad es que no puedo quejarme demasiado de mi temporada, puesto que a pesar de seguramente haber llevado a la mano menos truchas que en años anteriores, estas han sido en general capturas de mayor tamaño y dificultad. Lo cual me satisface, sabiendo que voy poco a poco haciendo las cosas mejor. El porqué de la mejoría paulatina viene por horas y horas de pesca en compañía de buenos pescadores. La observación y puesta en práctica de nuevos conceptos o pulir los errores que ellos detectan en mí.

Hay una cosa que también me ha ayudado muchísimo en mi mejora, y es la caña con la que he pescado este año. Hasta ahora venía pescando con una caña extremadamente blanda, pero la adquisición de una nueva caña de gama alta, rápida y potente ha conseguido mejorar sensiblemente mi bucle. Sé que esto último puede interpretarse como algo parecido a un sacrilegio para aquellos adeptos al casting. Y es cierto, porque la base de la mejoría en la pesca a mosca viene dada por progresar en el control del bucle y la presentación de la artificial. Es decir, en la técnica de lance. Pero no es menos cierto que entre una caña y la otra he notado una diferencia enorme. Que no se interprete que estoy diciendo que una buena caña te hace mejor pescador. Es una combinación de técnica y material la que ha sido el principal valuarte de los éxitos de esta temporada pasada. Sin mejorar mi técnica las cosas no hubieran sido tan buenas, y habiendo continuado con mi antigua caña tampoco.

Como iba diciendo, la temporada empezó bastante floja. Aguas frías y mucha ninfa en las primeras semanas de la primavera. Posteriormente fue llegando el tiempo más cálido y jornadas mucho más fructíferas, con buenas pescas a lo largo de mayo y junio. Julio y agosto fueron dos meses con no demasiadas salidas, con momentos inolvidables y grandes fiascos en busca de los reos. Y por último, en la “prórroga” de los meses otoñales la suerte fue bastante esquiva esta vez, tras varios años de éxitos.

Típico momento de principio de temporada

A ninfa por el Ebro

Y llegaron los meses buenos...

Espectacular eclosión de moscas de la piedra en el Carrión

Esta del Nela... ¡¡Qué guerra me dio!!

Una leonesa

Otra

Este es el trofeo de la temporada

¡¡Gran momento con los reos del Cares!!

Y la suerte esquiva en el tiempo otoñal

Como veis, una temporada un tanto irregular, pero la considero buena debido a la calidad y dificultad de algunas de las truchas a las que he conseguido engañar. Ahora sí, es momento de empezar a elegir nuestros cotos, de repasar poco a poco el equipo para tenerlo a punto y de practicar esos lances que nos harán progresar.

¡¡Para el año que viene otro par de escalones!!

sábado 24 de octubre de 2009

Oportunidades



La vida está llena de ellas. Nos posibilitan crecer en todos los ámbitos de la vida, si somos capaces de detectarlas y aprovecharlas cuando las tenemos delante.En lo referente a la pesca, es lo que vengo haciendo los últimos años con todas las personas de mi círculo de amistades. Cada uno aporta siempre algo novedoso, algo que te hace tener un motivo mas para acudir al río; son las ganas de poner en práctica y comprobar los resultados de lo que has aprendido y practicado. La visualización de vídeos, la lectura de libros, foros, revistas, etc también aporta conocimiento y en otras ocasiones ideas e inspiración.


Y es cuando ves los resultados, cuando realmente te das cuenta de que las oportunidades están para aprovecharlas, por que sino...pasarán de largo. Así que debemos prestar mucha atención (pero sabiendo a quien estamos escuchando, leyendo o viendo) y quedarnos con lo que pensemos que nos interesa. Puede parecer quizás una actitud egoísta, pero ciertamente no lo es. El conocimiento que algunas personas tienen en numerosos temas relacionados con la pesca con mosca, puede resultar increible a oídos de muchos, y lo digo por propia experiencia. Si lo pensamos un poco, es lo que sucede en cualquier deporte; si entrenas con gente de nivel superior, acabarás subiendo de nivel. Pero...¿que pescador tiene más nivel que nosotros? uno se da cuenta de ello de forma casi inmediata (y no exclusivamente por el número de peces que pesca, hay que atender a otros detalles mucho más importantes) y unos aprovecharán la oportunidad como un regalo, mientras que otros la desperdiciarán o no le prestarán la atención suficiente. Algunos incluso publican sus conocimientos poniéndolos a disposición de quien los quiera, y la mayoría de pescadores los desestiman, creo que ni siquiera sin saber muy bien porqué.

Todo es susceptible de ser mejorable; el lanzado, la entomología aplicada a la pesca (montaje), el estudio de nuestro adversario (el pez), nuestro comportamiento en el río (acción de pesca), etc. Debemos buscar las personas o información adecuadas para mejorar los puntos en los que pensamos somos mas "débiles" (primero deberemos reconocer que tenemos puntos débiles, por que todos los tenemos). Y como todo se basa en el equilibrio, los pilares que componen la pesca a mosca han de estar equilibrados también y deberemos elevar su nivel de forma progresiva. De nada nos servirá un alto conocimiento en entomología, sino somos capaces de poner las imitaciones que montamos al alcance del pez. Y de igual manera no sirve de nada una depurada técnica de lanzado, si con nuestro caminar por el río hemos espantado los peces.


Será sin duda un camino largo, pero lleno de recompensas que animan a continuar recorriendolo. Por el simple hecho de que mejorando, se disfruta más. Si, yo también decía que disfrutaba cuando pescaba poco y mal, pero es que ahora disfruto más y sabiendo el motivo, que es lo que le da mayor sentido a las capturas. Algunas de estas recompensas eran impensables hace años (solo un milagro haría que se colgasen de mis moscas).




Así que cuando estemos de pesca, hemos de prestar atención a todo lo que nos rodea (pescadores incluidos), y no encerrarnos en nuestra burbuja privada, aislandonos del mundo. Del mismo modo, seremos benevolentes y perderemos el tiempo necesario en enseñar o solventar las dudas de los demás, especialmente de los que preguntan, ya que eso denota ganas de aprender y sobre todo, superar la timidez que supone acercarse a alguien en busca de información. Compartir es vivir, ese debería ser el lema de la pesca, y pensandolo, incluso el título de esta entrada.

Un Saludo.
Haritz.

viernes 28 de agosto de 2009

Devoradores de truchas

Así es como denominan -los que están anclados en el pasado, en los mitos que aún perduran vivos, o simplemente los que se escudan en este dicho para sacrificarlos- a los grandes ejemplares que todavía pueblan algunos cauces de la península. Sin darse cuenta, quieren cargar de culpabilidad a individuos de la misma especie que pretenden capturar, sin querer ser conscientes (o siéndolo deliberadamente) de que los verdaderos depredadores de truchas no viven dentro del agua, sino a orillas del mismo y con un nivel de concienciación que deja bastante que desear.

Mientras tanto, otros pensamos que son el mejor tesoro guardado por los ríos y de los cuales dependerá la futura genética de las generaciones venideras y que deberán ser las que carguen con la responsabilidad de la herencia del río. Lo que no debería generar ningún tipo de duda a nadie, es que cuando el humano no metía su hocico en el equilibrio de la naturaleza, estos ejemplares siempre poblaban las aguas, por lo que no debían estar tan de sobra, como algunos piensan que lo están ahora. Parece que hay mucho “Darwin” suelto por los ríos, que controla las pirámides poblacionales mucho mejor que la naturaleza….o eso es lo que creen o quieren creer, que es peor.


Resulta increíble darse un paseo a orillas de algunos ríos, divisar un bonito ejemplar, y pensar que todavía existen en el sigo XXI pescadores cuya obsesión es atrapar y acabar con la vida del mismo. Conste que estas palabras están siendo escritas por las manos de alguien que comenzó en esto de la pesca sacrificando ejemplares, pero que la situación de la pesca me hizo migrar hacia una pesca responsable y respetuosa con el medio, donde no cabía el sacrificio de un solo ejemplar más, sea grande o pequeño. No, no tengo 60 años, tengo 31.

Y es que la vanidad de la especie humana alcanza límites que no nos podemos ni imaginar. Existen multitud de pescadores sin muerte….de boquilla. Sueltan ejemplares que antes sacrificaban, limitándose únicamente a robar de las aguas aquellos ejemplares de talla, y contra más considerable sea la talla, mayor placer en su sacrificio. Esta actitud me resulta repelente, no tiene cabida en la visión de la pesca ni en la situación que vivimos actualmente. Cualquier pez tiene derecho a vivir, sea pequeño, mediano, o grande. No sirve de nada hacer demagogia acerca de si entonces deberíamos dejar de pescar; el placer de la pesca no puede ir asociado con la muerte de seres vivos, preciosos, y escasos en la actualidad.



Porque no debería existir en nuestro colectivo gente de tal egoísmo que crea que el pez capturado, solo es para su disfrute personal. No señor, esos ejemplares son demasiado preciados en nuestra afición, como para que solamente una persona tenga el derecho de pescarlo, y mucho menos de sacrificarlo. Han existido muchas medidas que parecían destinadas a terminar con la existencia de estos ejemplares, como todos podemos recordar con el famoso “Día de la trucha trofeo”, que, no se si convertida en burla, paso a ser el día de pesca sin muerte. Irónico, ¿verdad?

El placer y la satisfacción que depara la captura de uno de estos ejemplares, puede ser perfectamente rememorado a través de la visión de las tomas fotográficas realizas. Siempre mucho menos dañino y mas educado, que mostrar el trofeo muerto y seco, en la barra del bar de cualquier pueblo.

Y gracias a la gente que lleva a cabo esta máxima del captura y suelta sin excepción, muchos otros podemos disfrutar y seguiremos haciéndolo, de ellos una vez más, pero…¿hasta cuando?. Ojalá llegue el momento que todos podamos decir alto y claro “HASTA SIEMPRE”.

Este es el resultado de quienes son fieles a la máxima anterior, sin condiciones, sin excepciones, sin escondernos y siendo los únicos que podremos hacer frente a la ley que todavía ampara el sacrificio de una especie tan valiosa como es la trucha.



Son peces para recordar y para soñar con volver a verlos algún día.




¿Verdad que os gustaría pescarlo, tocarlo, y espero que devolverlo? Pues coger la caña, porque os está esperando en algún punto de la geografía y seguro que si reconoce vuestra condición de pescadores sin muerte, se decide a tomar el engaño. Por favor, dejarla de nuevo allí para que yo pueda volver a tener una cita con ella. Me gusta mucho, de verdad.

Un Saludo.

PD: gracias por la sacadera, Álvaro. No se que habría hecho sin ella ;-)

lunes 15 de junio de 2009

El hueco de los alisos

Caminamos por la orilla cuando en un hueco entre unos alisos, divisamos una bonita cola al asomarnos. Se trataba de una buena trucha en postura, comiendo lo que le bajaba por la suave corriente, desplazándose a izquierda y derecha para no dejar pasar bocado. En realidad no dimos con ese hueco por casualidad, puesto que ya lo teníamos fichado del año anterior. Y al igual que entonces, un buen pez comía allí.

Cruzamos a la otra orilla para hacer el lance. Por el hueco corre una suave corriente, pero entre los alisos y nosotros hay una corriente q dificultará el lance. A nuestro favor, que el río baja una cuarta más bajo respecto del año pasado, por lo que las probabilidades de éxito son mayores.

Cuando nos situamos observamos como no solo es una trucha la que come en el hueco, sino que hay 3 o 4, aunque una es más grande que las demás… El lance debe ser con línea floja para que la corriente que hay entre los alisos de la orilla y nosotros permita una deriva correcta al menos durantes algunos segundos. Se afana primero Haritz pero no hay manera de engañarlas, son truchas resabiadas. Lo más que consigue es un rechazo hasta que por fin clava una!!! Pero no iba a ser tan fácil la cosa, porque la trucha con un salto y ayudada por unas ovas acabó por soltarse.

Tras el lance desafortunado, unos minutos de calma y mi turno. Nuevamente lances flojos y derivas curiosas, pero ninguna hacía por la mosca. Por desgracia, la trucha más activa se encontraba algo más metida bajo las ramas, por lo que el lance siempre se le quedaba pelín atrás. Encima era la más grande. Pero un golpe de fortuna en forma de racha de viento llevó mi mosca 30cm más dentro de las ramas. El lance quedó perfecto con la mosca derivando lenta… y la trucha la tomó.


Después de sortear ovas, ramas y descolgarse corriente abajo pude llevarla a la mano. Una preciosa trucha, una nueva batalla vencida, otro reto conseguido. Un par de fotos y de vuelta a su lugar, el hueco de los alisos.

sábado 13 de junio de 2009

Media temporada en imágenes


Duros comienzos con la ninfa y el streamer, mucho frio y pocas truchas.


Bajo el agua todo se ve diferente...


Acompañando a Iñaki por tierras burgalesas...


Tras los reos badeando más allá del límite. Menos mal que Jon tiene las patas muuuuy largas...


No me saques fotos que me da la risa...


Por favor, más de estos...

Sin darnos cuenta hemos pasado de las niger a las dánicas.


¡Menuda sorpesa!


Esperando la eclosión.




Algunas nunca se olvidan:


Por su forma de comer...


Por que siempre están ahi...


Por su boca abierta al coger la microninfa...



Por sus ocelos...



Por su tamaño...



Por su mirada...


Por ser la primera...



Por su belleza...


Por su forma..


Por su pelea...


Pero siempre captura y suelta.




lunes 1 de junio de 2009

La primera victoria

Durante mi vida como pescador de mosca he pasado por diferentes etapas, evolucionando poco a poco. Hace muchos años que tengo un equipo de mosca en mi poder y prácticamente el mismo tiempo que sé de las nociones básicas para colocar una mosca en el río. Pero no ha sido hasta hace unos pocos años cuando estoy dedicando toda mi atención e ilusión en este arte. Comienzos difíciles, tendiendo al lance ligero por el hecho de tener más posibilidades de capturar algún pez. Momentos de frustración con esas pintonas resabiadas y selectivas. Pero poco a poco el influjo de la cola por el aire, la posada y la subida del pez a esa mosca que deriva por la superficie fueron ganando la batalla. Hasta hoy, día en que la pesca a mosca ocupa el 99’9% de mis jornadas de pesca, cada día dando un paso más allá.

Pero el paso grande lo estoy dando ahora, aunque todavía sé que me falta. Hasta la temporada pasada, me defendía en general por los ríos, sacando mis truchas por aquí y por allá, con algunas jornadas gloriosas y algún que otro pez de buen porte. Aun así, había esa parte de mí que pedía y exigía más, esos peces difíciles, en posturas complicadas y que se las saben todas. En esos casos, rotundos fracasos uno detrás de otro. Y en esas estoy, en el afán de superar estos reveses. Y creo que he dado un pasito más, que debe ir confirmándose a lo largo de esta temporada, pero estoy en el buen camino. Todo se lo debo a los que considero mis pequeños maestros, dos excelentes lanzadores, pescadores, compañeros de algunas jornadas de pesca y sobre todo amigos. Aquí está, la primera batalla vencida…


El mes de abril ha sido malo para mí, con escasas capturas debido a las condiciones no demasiado buenas, la apatía general de las truchas y la poca pericia por mi parte en las ocasiones en que los peces se han mostrado activos. Hablo de esos peces difíciles…


Pero la historia cambió al entrar el mes de mayo. Me levanté tarde, era un día nublado y no tenía previsto ir salir de pesca. Pero en uno de esas decisiones instantáneas, preparé las cosas y me fui. Llegué al río al mediodía y con calma preparé el bajo, uno adecuado a las circunstancias, de más de 2 cañas de longitud y que poco a poco voy consiguiendo dominar. Entré al río en una pequeña tablada y sin apenas tiempo de meter un pie en el agua, diviso la primera ceba, junto a las ramas de un sauce. La ceba repite varias veces, por lo que me dispongo a atacarla. Para ser sinceros, con no demasiada confianza en que la trucha tomara mi mosca, puesto que ya son numerosas las curas de humildad que me he llevado con este tipo de truchas. Pero sorprendentemente, al 3º o 4º lance, cuando la pequeña efémera navegó por la posición perfecta, la pintona la cogió con toda confianza. Tras una primera arrancada, la trucha vino hacia mí por lo que la metí en la sacadera sin darle opción a plantar más batalla. ¡Unos pocos minutos en el río y ya tenía en mis manos una de esas difíciles truchas!


Era una trucha que no destacaba especialmente por su tamaño, pero me llenó de confianza para afrontar el resto de la jornada. Así fue cuando llegué a una tabla lenta, por la que ascendí lentamente para no crear perturbaciones en la superficie. Había una trucha comiendo en el centro de la tabla y no quería ahuyentarla. Llegué a una distancia prudencial sobre la que podía efectuar el lance y la primera deriva fue perfecta. Clavé y con el chapotazo y el primer salto ya me di cuenta de que se trataba de una de las grandes. La batalla que me planteó fue dura y larga (y yo poco acostumbrado a ellas), con numerosas carreras hasta la otra orilla tratando de refugiarse en las piedras y raíces de los árboles. Pero finalmente conseguí hacerme con ella y contemplar su belleza en todo su esplendor. ¡Menudo ejemplar! Pasados los 50cm de trucha común fuerte y musculosa. Espectacular. Cuando la libere la satisfacción era plena, total. ¡Por fin estaba ganando una batalla!


Pero la sorpresa más grande aun estaba por llegar. Después de inspeccionar otras zonas del río con suerte dispar, a media tarde se me ocurrió volver a dar una pasada a la tabla donde obtuve el éxito un par de horas antes. Esta vez no parece haber mucho movimiento, por lo que espero unos minutos hasta que de pronto divisó un “glooop”. A los pocos segundos otro, y otro, y otro… Parece que ha salido un corro de truchas a comer. Lanzo donde he visto la primera ceba y a pesar de una buena deriva no obtengo resultado. Así estuve un rato hasta que me di cuenta de que se trataba de la misma trucha comiendo en círculo. Por eso mi mosca siempre pasaba por el sitio equivocado. En una de estas, observando minuciosamente vi la ceba de la trucha y su movimiento. ¡Era buena! La perdí de vista pero pronto volvió a comer y entonces sí, la tenía localizada y mi lance podía ser certero. Aun así se me quedó un poquito hacia la izquierda del pez, pero dio igual, porque en cuanto el pez vio bajar la efemerita se desplazó lentamente, abrió la boca y se tragó la mosca con la mayor de las confianzas. La explosión en la superficie fue acorde a la lucha que planteó por la tabla. Si la anterior me costó sacarla, esta ya fue algo tremendo. Cada vez que le enseñaba la sacadera, nueva carrera del pez que me obligaba a poner a prueba todo el material. Así rato largo, hasta que finalmente se rindió y me hice con ella. Absolutamente increíble, tenía en mis manos una trucha de 55cm y kilo y medio pasadito. La observé, un par de fotos y le devolví la libertad por tan buen momento que me hizo pasar. Su regalo de despedida fue un coletazo que me hundió entero. Fue su forma de darme las “gracias” por el mal rato que le había hecho pasar, y yo las acepté de buen grado, como no podía ser de otra manera…


Y así terminó una jornada memorable, uno de esos días de los que no esperas nada y acabas no olvidando jamás. Y lo que es mejor aún, la victoria de la primera batalla de esa guerra sin final que supone el reto de capturar los peces más grandes y más difíciles allá por los ríos donde vayamos.


Jon


miércoles 8 de abril de 2009

Vendetta




Una de las cosas que más me gusta de mis ríos y sus truchas es que me dan una segunda oportunidad. Y esta oportunidad de desquitarnos es algo importante y más a sabiendas de que la necesitaremos en más ocasiones de las que nos gustaría.


Las de los spents

El sol engaña y el viento torna se nos mete hasta los huesos. Jon y yo estamos metidos en una gran tabla, de garita. Comen las de siempre, tres, pero esta vez hemos acertado entrándoles y no se han percatado de nuestra presencia. Empiezo yo con la de más atrás y no hay manera. Mientras cambio de mosca, Jon hace lo propio y tampoco hay respuesta. Nos vamos alternando hasta cansarnos. Miramos el agua:
-¿Qué baja?
-No veo nada.
-Venga hombre, algo tendrán que comer.
-Ahí viene un spent.
-Mira ahí otro.
-Y otro.
-Ya está, seguro que era eso.

Minutos más tarde y tras alternarnos otro rato nos derrotan, las tres de los spents.

Días más tarde me paso a visitarlas, esta vez solo. No están las tres, sólo dos. Pero comen con las mismas jodidas ganas que la última vez. Me tomo mi tiempo y me acerco más que la última vez. El lance nos es fácil: comen debajo de un árbol, una de ellas junto a la orilla delante de una raíz atravesada. A la otra le gusta dar vueltas alrededor de una enredadera que toca el agua.

Empiezo por la de la izquierda, la más orilla. Espero haciendo falsos lances a que se delante y en el momento en que lo hace disparo línea y hago diana. No veo la mosca pero se que la ha visto caer. Come. Supongo que será mía y clavo. Explosión de agua y chapoteo en la orilla. Tras el primer revolcón sale mansa hacia el centro del río donde intento sujetarla para que no monte mucho escándalo y no ahuyente a la hermana, pero un kilo de músculo tiene muy mal humor y lo demuestra con uno y otro volatín hasta cansarse.


Tras cansarse busco a la otra en sus dominios. El sol ayuda esta vez y puedo verla a ras de agua. ¡Qué bonito resulta ver los ir y venir de un gran pez! De vez en cuando saca el piquito y come con mucha suavidad.
Precioso, pero es el momento de ajustar cuentas y saco línea. Bucle estrechísimo y muy bajo para pasarlo por debajo del árbol y meterla en el hueco entre la enredadera y la rama. Va bien y veo la diminuta onda que delata la posada de mi mosca... Come al otro lado.
Vuelvo a intentarlo y vuelve a caer en el sitio. No es el mejor, pero son los únicos 20 centímetros en los que puedo presentar, confiando en que la trucha se sienta atraida y se acerque a curiosear. Pero no lo hace.
Otra vez y otra hasta que no tengo tanta suerte y dejo la mosca en la rama. Mientras rehago el bajo tengo medio ojo puesto en ella. Altera su recorrido y sale medio metro al descubierto. Es mi oportunidad, presento con rapidez y no tarda ni dos segundos en coger la pequeña mosca. Clavo y sale disparada hacia las raíces, no me da tiempo a frenarla y meto la puntera en el agua para ver si sale por donde ha entrado pero sigue corriendo y acaba por romper. Lástima, quizás haya una tercera oportunidad.




Esta está chupada

Ando río arriba esperando que poco a poco el resolillo que pega en el río vaya calentando sus aguas y algún pez delate su presencia. Me siento en la orilla a atarme las botas y entre nudo y nudo miro de reojo a la chorrera de entrada a la tabla.
¿Un gorgorito? ¿otro? ¿Y OTRO? Franca, muy franca, y constante. Además la postura es tremendamente asequible. Me meto en el río confiado, despacio, pensando para mi: "esta está chupada".
Saco línea despacio, decido hacer una curva aguas arriba para minimizar el posible dragado. Mi mente se detiene en ese mágico instante en el que la artificial toca el agua y voy deslizando entre mis dedos la línea esperando que ella acepte el envite. Nada. Y otro nada, y otro. Está comiendo emergentes y mi confianza me ha hecho no cambiar la seca con la que venía. Pongo una emergente y vuelvo a presentar con una sonrisa de suficiencia que se torna en una mueca cuando ella toma la mosca y fallo estrepitosamente. En realidad no fallo, ni siquiera la toma, es un rechazo como una casa, pero el agua que mueve al darse la vuelta hace que se dispare el resorte del brazo como si no lo hubiera sido. Cambio de mosca a ver si algo más placado la convence. Otra vez me engaña y simula una tomada que no llega a serlo.
Espero y veo que de vez en cuando también rechaza las rhodanis que navegan como pequeños veleros. ¡Cómo está el patio! Un último rechazo hace que mi amiga decida dejarlo hasta mañana. Volveremos a vernos, seguro.